lunes, 16 de octubre de 2017

Señorita

Señorita, ¿no tiene miedo de estar allí solita?
Señorita, ¿no tiene miedo de estar allí solita?
Señorita, ¿no tiene miedo de estar allí solita?
Señorita, ¿no tiene miedo de estar allí solita?
Señorita, ¿no tiene miedo de estar allí solita?
Hace dos horas que es de noche
y el perro 
no volvió.
Hay dos velas encendidas
los sonidos los de siempre
no voy a poder pegar un ojo.
Agarro el machete y la linterna
me pongo las botas de goma
cierro los candados
y empiezo a caminar por el sendero hacia el pueblo.
De noche es difícil ubicar las referencias,
el campo de visión es reducido
me guío por lo cercano
cambios de nivel
desvíos
troncos
raíces.
Cruzo el camino de hormigas y me calmo un poco
estoy cerca
pero me frena una tranquera que nunca había visto.
Ahora no sé donde estoy
no entiendo
en el claro el sendero se desdibuja.
Pienso que tal vez voy a tener que pasar la noche ahí,
por suerte hace calor.
Decido que mejor vuelvo a la casa
y encaro con seguridad
pero entonces la loma
y ahí nomás
la casa de Aquiles.
Lo llamo.
Están los hombres tomando agua ardiente
me invitan a pasar.
Están Aquiles y Denise
Marcial
y el patrón.
Estoy temblando,
les cuento lo que me pasó
haciendo chistes
nos reímos todos
tomo agua ardiente
para tranquilizarme.
Le pregunto a Marcial si me puedo quedar esa noche en su casa.
Nilda me prepara la cama en el living.
Pone varias sábanas sobre el somier.
Arma una almohada con toallas.
Juntas, con cordones e hilos, hacemos cuatro nudos
en una sábana que colgamos
para cubrirme de los mosquitos.
Adentro es como jugar a la casita
me siento protegida.
Cuando todos duermen, lloro en silencio
no de miedo, de amor.
Al día siguiente me doy cuenta
que lo que hice mal
fue caminar en forma de u
me había olvidado
que había cruzado el arroyo
y estaba del lado
que pensaba
era el otro.



 Marcial, Nilda, Auri en brazos de Nilda y Guliver.

sábado, 14 de octubre de 2017

Mi amigo japonés

Lo conocí en un hostel en Santa Marta
tenía el pelo lacio muy  largo
y la piel tostada
se vestía medio hippie
se despertaba temprano
desayunaba copiosamente
y hacia ejercicios de elongación
todas las mañanas.
Hablaba poco
y agradecía con las palmas juntas
a la altura del pecho
inclinándose
pensé que debía tener mucha sabiduría
me gustaba.
Le pregunté si quería ir a acampar conmigo a Palomino
pero prefirió ir a pasar una semana
con otro japonés
a Tanganga.
Después me enteré
que se la pasaron tomando merca.
En Palomino acampé en la playa
y temprano, cuando todavía no había nadie,
bajé por el río hasta el mar
acostada en un gomón.
Nos volvimos a encontrar en Medellín.
Salimos a pasear con otro turista, también japonés
que era monje budista
por herencia familiar
trabajaba en un templo
y ganaba muy bien.
Mi amigo me invitó a cenar a un restaurant, charlamos y no pasó nada.
Después nos encontramos en Salento
ahí nos quedamos como una semana
fuimos a hacer una caminata al Valle del Cocora.
A los dos nos encantaba la película
me dijo que si alguna vez conocía a una chica como Nausicaa
se querría casar con ella.
Dormíamos solos en una habitación de tres cuchetas
todavía me gustaba
pero no pasaba nada.
Después llegó Moritz
un amigo alemán.
Los tres desayunábamos, almorzábamos y cenábamos juntos.
Una noche fuimos a jugar al billar.
Yo charlaba con los jugadores de otra mesa
iba y venía
tomaba whisky
jugaba mal.
Moritz se puso de buen humor porque ganó.
En Salento mi amigo se empezó a sentir descompuesto
no quería tomar ningún remedio
y se quedó en el hostel.
Fuimos con Moritz a recorrer dos fincas cafeteras. Otro día fuimos a andar en bici.
Los dos estaban de acuerdo en que tener sexo con una chica que les gustaba
tenía que ser una conquista, 
un premio.
No estaba segura. Le dije a mi amigo que quería viajar con él.
En Ipiales seguía sintiéndose mal, no quería salir de la cama y aceptó tomar Apasmo.
Le recomendé que dejara de comer cosas fritas.
Cruzamos la frontera y fuimos a Quito.
En Quito llovía y hacía frío.
Una tarde nos la pasamos buscando dónde comer cheescake.
Otra me acompañó a comprar una campera impermeable.
Otra visitamos una Iglesia altísima  
dónde no me animé 
a subir a la torre.
Mi amigo hacía ruido cuando comía
no hablaba casi nada de español
y muy mal inglés.
Le dije que iba a hacer un trekking de tres días hasta un volcán.
Quería venir conmigo pero al final decidió que no por el clima
que después nos veíamos en Baños
en las aguas calientes
donde iba a relajarse.
Me pidió que le deje de regalo el frasquito de Apasmo.
Agradecí que no quisiera mojarse ni pasar frío, agradecí al mal tiempo.
Me fui de Quito e hice el trekking con una pareja de canadienses, una yanqui y un inglés.
El último día me mojé mucho y me agarré anginas.
Cuando llegué a Baños mi amigo ya se había ido.
Me escribió que quería verme en Huaraz.
                                                                                      




Valle del Cocora, foto sacada por Hiro.




(Hiro, mi amigo japonés, es una persona hermosa y MUY buena. Después de tres años de andar viajando por el mundo, hace poco volvió a Japón, quiere tener una vida tranquila, cerca de la naturaleza, y formar una familia).